Cuando escribo, no me siento frente a un papel pensando únicamente en palabras. Me siento frente a un universo en construcción. Uno que respira, que late, que se mueve y que, de alguna manera, decide por sí mismo qué camino tomar.
Por eso siempre digo que mis personajes no están hechos solo de tinta, sino de algo mucho más profundo: emoción, curiosidad y asombro.
La emoción que da vida a las páginas
La tinta es solo la herramienta.
Lo verdaderamente importante es lo que ocurre antes de que la mano toque el papel.
Cada personaje nace de un sentimiento: nostalgia, alegría, misterio, ternura o esa necesidad intensa de recordar quién fui cuando era niña. La emoción es el motor secreto que define cómo hablan, cómo se mueven, qué temen y qué desean.
Los lectores notan esa verdad emocional. Es lo que hace que un personaje “respire”, que no sea solo un dibujo o una idea suelta, sino alguien con quien pueden conectar.
La curiosidad como brújula
Mis historias nacen de preguntas:
¿Qué habría más allá del bosque?
¿Quién es ese ser que aparece en sueños?
¿Por qué ciertos lugares parecen guardar secretos?
La curiosidad es lo que empuja a mis personajes a moverse.
Y también es lo que me empuja a mí a seguir escribiendo.
Sin curiosidad no hay aventura.
Sin aventura no hay historia.
Sin historia no hay magia.
Esa misma curiosidad infantil —la que nunca desapareció del todo— es la que hoy guía a protagonistas como Tika, que mira el mundo con hambre de entenderlo, descubrirlo y vivirlo.
El asombro: la chispa que lo cambia todo
El asombro es la emoción más pura que existe.
Es ese momento en el que los ojos se abren un poquito más y el corazón late más rápido porque acabamos de ver algo que no esperábamos.
El asombro no es exclusivo de los niños… aunque ellos lo viven con más intensidad. Y quizás por eso escribo literatura infantil: porque quiero que mis lectores —pequeños y grandes— recuperen esa capacidad maravillosa de sorprenderse.
Cada vez que creo un personaje, intento que lleve consigo una chispa de ese asombro. Que pueda mirar el mundo como si fuera la primera vez. Que no dé nada por sentado. Que se detenga en lo pequeño, en lo invisible, en lo que los adultos ya no miran.
Así se construyen mis personajes: desde dentro hacia afuera
No empiezo por la forma del pelo ni por la ropa que llevan.
Empiezo por su latido.
- ¿Qué les emociona?
- ¿Qué les mueve?
- ¿Qué les despierta la curiosidad?
- ¿Qué les genera asombro?
Luego, cuando ese corazón interno está definido, la tinta hace su trabajo.
Pero ya no escribe un personaje vacío: escribe una vida que se ha ido formando antes, en silencio.
Por eso algunos lectores dicen que mis personajes “sienten cercanos”, o que “podrían existir”. Y yo siempre sonrío, porque en cierto modo… existen. Existen en mi memoria, en mis vivencias, en mis sueños y en mis preguntas de niña.
Historias que buscan despertar algo en ti
Cada cuento que publico tiene un propósito:
encender algo dentro de quien lo lee.
Una emoción.
Una pregunta.
Un recuerdo.
Un deseo.
Porque los personajes no están ahí solo para entretener. Están ahí para acompañar, inspirar, abrir puertas y recordarnos que la vida —la real— también está hecha de emoción, curiosidad y asombro.